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por Julio
Luzardo
Al haber cruzado
la mitad del año ya vemos que el 2011 va a ser
trascendental para el futuro del cine
colombiano; casi definitivo dentro de los planes
a corto y largo plazo. En sólo seis meses hemos
visto la taquilla subir a lo más alto, con las
entradas espectaculares de El Paseo, para
desplomarse
casi
inmediatamente
a las cifras
insignificantes de Cuarenta, Karen Llora
en un Bus, Locos, Todos Tus Muertos
y Con Amor y Sin Amor. Ya no podemos
seguir culpando solamente al público colombiano
por las malas entradas y tendremos que evaluar
seriamente los temas escogidos, la falta de
continuidad de exhibición y la ausencia de
estrategias eficaces de mercadeo. Lanzar
películas casi clandestinamente, con poca
promoción o expectativa, es cometer hara-kiri
cinematográfico. Una película no solamente se
hace, sino se tiene que vender… y bien.
Definitivamente, nos falta aprender mucho de
mercadeo para seguir pensando en cimentar una
industria de cine duradera y exitosa. Hay que
empezar a evaluar todos los vaivenes del mercado
colombiano para no seguir dando pasos en falso
sin ton ni son. Ya sabemos perfectamente que
producir no es el problema; lo hemos estado
haciendo de una u otra manera, con buenos y
malos resultados desde 1922. El
reto siempre ha sido captar a nuestro público,
interesarlo de verdad y
saberlo mantener...
Un buen primer
semestre
Gracias a las
excelentes taquillas de la película de Dago
García, de El Jefe, de Los Colores de
la Montaña y hasta de En Coma, el
cine colombiano logró el 11.43% de los
espectadores y el 10% del Box Office colombiano
durante el primer semestre del año.
Desafortunadamente, el segundo semestre no pinta
tan bien como el primero y es seguro que el
balance combinado a final de año no va a ser tan
favorable. Terminando el mes de Julio ya se
habían exhibido 8 largometrajes, hay 6 más
planillados para los meses de Agosto y
Septiembre, 1 en Octubre y es seguro que Dago
García presentará su película anual el 25 de
Diciembre, como es su costumbre todos los años.
El total de películas exhibidas va a ser un
mínimo de 16 aseguradas, pero es muy posible que
aparezcan otras cuantas que ya están terminadas
y se redondeé la cifra final en 20 para el año,
que sería una cifra única en la historia del
cine colombiano.
Para completar,
este año se cumplen ocho años del lanzamiento de
la Ley de Cine 814 y es el momento ideal para
empezar a evaluar lo que este singular evento ha
significado para el cine colombiano. En un
inicio se calificó como un “boom” sin
antecedentes y un renacimiento espectacular del
cine en Colombia, después de una tortuosa
y fraccionada historia que viene desde finales del Siglo XIX.
Los años entre el 2005 y los primeros meses del
2008 fueron sinceramente espectaculares y
señalaban el posible futuro de una próspera y siempre
creciente industria en pleno desarrollo. Sin
embargo, en el 2008 se empezaron a notar las
fisuras de un medio sin rumbo fijo, sin
continuidad, y lo que es peor, sin piloto y sin
brújula. Mientras gran parte de los dineros de
la Ley están muy bien invertidos en toda la gama
de apoyos secundarios del complicado proceso
cinematográfico, la parte principal o el “premio
gordo” de más de $30,000 millones de pesos de
los $53,000 millones recaudados, que es la
inversión en el largometraje de ficción,
demostró su fragilidad y la necesidad de un
cambio radical en su estructura. Para eso
necesitamos hacer una pequeña evaluación de lo
que ha sido el cine colombiano en estos ocho
años.
Ocho años de
esfuerzos individuales
En los dos años
anteriores a la Ley tenemos en el país una
producción caprichosa de solamente una película
colombiana exhibida cada dos meses en promedio:
2002 – 6
películas exhibidas
2003 – 6
películas exhibidas
Sin embargo, y en
directo contraste con estas cifras tan pobres,
se encontraban 23 producciones de largometraje
colombianas filmadas y en su proceso final de
posproducción. Así que La Ley empezó a funcionar
en los primeros dos años con una
sobre-producción de cine colombiano en bodega y simplemente
sirvió como apoyo
a producciones ya realizadas por esfuerzos
personales de directores conocidos como Sergio
Cabrera, Victor Gaviria, Jaime Osorio, Jorge
Echeverri, Felipe Aljure, Dago García, Francisco
Norden, Lisandro Duque, entre otros. Gracias
estos esfuerzos personales, la producción se
incrementó levemente en los siguientes dos años:
2004 – 8
películas exhibidas (3 con pequeños apoyos de
la Ley – 5 sin ningún apoyo)
2005 – 7
películas exhibidas (5 con pequeños apoyos de
la Ley – 2 sin ningún apoyo)
En
cifras generales, el
número total de largometrajes que se encontraban
ya filmados, en posproducción o terminadas al
iniciar la ley significaron el 31.51% del total
de las 73 películas estrenadas desde el 2004
hasta finales de Julio del presente año. En los
años después del 2005 se empezó a notar un
pequeño aumento en el número anual de
producciones exhibidas, gracias al cine
independiente, que nunca ha dejado su ritmo de
producción, a pesar de no contar con apoyo
oficial:
2006 – 8
películas exhibidas (2 ganadoras de Producción
del FDC – 6 con pequeños apoyos del FDC,
especialmente en la parte de Promoción y
Posproducción)
2007 –
10 películas exhibidas (3 ganadoras de
Producción del FDC - 6 con pequeños apoyos del
FDC, especialmente en la parte de Promoción y
Posproducción – 1 sin ningún apoyo)
2008 –
13 películas exhibidas (4 ganadoras de
Producción del FDC - 8 con pequeños apoyos del
FDC, especialmente en la parte de Promoción y
Posproducción – 1 sin ningún apoyo)
2009 –
12 películas exhibidas (4 ganadoras de
Producción del FDC - 7 con pequeños apoyos del
FDC, especialmente en la parte de Promoción y
Posproducción – 1 sin ningún apoyo)
2010 -
10 películas exhibidas (1 ganadora de
Producción del FDC - 8 con pequeños apoyos del
FDC, especialmente en la parte de Promoción y
Posproducción – 1 sin ningún apoyo)
2011 - 8
películas exhibidas (5 ganadoras de Producción
del FDC - 1 con apoyos del FDC, en la parte de
Posproducción – 2 sin ningún apoyo)
El aumento
gradual del número de películas colombianas
exhibidas en los últimos 5 años (del 2007 hasta
finales del mes de Julio de 2011) se debe en su
mayoría a cine independiente que no ha tenido el
apoyo de premios de Producción del FDC para
iniciar sus rodajes y se nota el gran vacío de
las producciones ganadoras de las convocatorias
de Producción del FDC de los años 2007 y 2008,
que se suponía que deberían liderar la cartelera
nacional.
El cine
independiente: el responsable del “boom” del
cine colombiano
A pesar de la
creencia generalizada que el tan sonado “boom”
del cine colombiano se debía solamente a la Ley
de Cine y a los esfuerzos gubernamentales, la
realidad es que en los ocho años desde su
implementación, la mayoría de las películas, el
74.65% del total para ser exactos, se iniciaron sin ningún apoyo
directo o premios de la Ley y sólo recibieron
pequeños apoyos posteriores de Posproducción y
Promoción de la siguiente forma:
27 películas
recibieron apoyos posteriores de Promoción del
FDC
17 películas
ganaron premios de Posproducción del FDC
9 películas no
recibieron ningún apoyo o premio del FDC
Aunque los apoyos
secundarios de la Ley han ayudado mucho en
rebajar un poco el riesgo y costos de
realización de las películas beneficiadas,
especialmente en el renglón de promoción, no han
sido determinantes para la hechura del cine que
se ve en el país y es muy significativo ver que
el cine colombiano se ha logrado mantener
visible en estos últimos años gracias al
esfuerzo personal del cine independiente, ya que
la mayoría de las películas ganadoras de premios
de Producción del FDC han brillado por su
ausencia.
¿Ganadores o
Perdedores?
A finales del año
pasado resaltamos el grave problema de los
incumplimientos de los ganadores de los premios
de Producción del año 2007 en nuestro artículo
“¿Y Dónde Están Las Películas?”. Ahora,
seis meses después, seguimos casi en las mismas
ya que solo hemos visto 4 de los 10 ganadores de
ese año proyectados en las pantallas del país,
un promedio supremamente bajo para un grupo, que
en esencia, se ha “rajado” en el intento. El
hecho indiscutible es que el 60% de los
ganadores de esa convocatoria no han podido
exhibirse casi 4 años después de haber recibido
el codiciado premio. La falta de dinero, que
siempre fue la gran constante durante buena
parte de la historia del cine colombiano, ahora
es una débil excusa ante los incumplimientos
demostrados.
Y como si fuera
poco, ya estamos viendo que 8 del grupo de 9
películas ganadoras en el 2008, tampoco van a
alcanzar a llegar a las pantallas de cine antes
de fin de año cuando se cumple su límite
contractual de tres años de plazo. Sin embargo,
tres de ellas (La Sargento Matacho, Pablo’s
Hippos y Apatía, una Película de
Carretera) aparentemente ya están
terminadas, pero no han sido programadas para su
exhibición teatral.
No en vano nos
hacemos las siguientes preguntas: ¿Qué está
pasando con los afortunados ganadores de las
Convocatorias y los dineros que han recibido?
¿No estaban preparados los ganadores para el
reto de hacer una película en el tiempo
contratado? ¿Los ganadores le apostaron a
presentar guiones sin ninguna preparación previa
en la parte de producción, como si las
convocatorias fueran una lotería y sólo se les
trabaja si ganan el premio? ¿Qué pasó con los
proyectos ganadores, que supuestamente fueron
consistentes a ojos de los jurados que los
entrevistaron personalmente, y sin embargo no
han respondido dentro del amplio plazo
concedido?
Desde que se
establecieron estas convocatorias, la premisa
principal era la presentación de proyectos que
estuvieran practicamente listos para empezar su
rodaje inmediatamente o a los pocos meses de
recibir el premio. Era casi su requisito
indispensable. En los primeros dos años (2005 y
2006) se cumplió a cabalidad con este sencillo
requerimiento profesional, con la notable
excepción de la película Los Colores de la
Montaña, que se demoró más de la cuenta,
pero la mayoría de los ganadores demostraron que
sabían muy bien lo que estaban haciendo. ¿Qué
pasó después de este buen comienzo?
El
desmoronamiento de los requisitos de Producción
Sin ir muy lejos
y tomando en cuenta los pobres resultados de los
últimos años, podemos señalar que una de las
mayores causales de las demoras inusitadas en la
hechura y terminación de las películas pudo ser
la paulatina eliminación de los requerimientos
básicos que contenían las convocatorias en lo
referente a la parte de Producción. Por
decisiones ligeras o en aras de facilitar el
proceso, el Consejo de Cinematografía empezó a
eliminar pasos que le daban fuerza y
consistencia a los proyectos presentados, y
demostraban seriedad, compromiso y trabajo de
campo realizado por los concursantes. Lo que ha quedado son
requisitos fáciles y superficiales, que se pueden copiar de
otros proyectos y hacerles pequeños ajustes
personales para cumplir con el formalismo del
concurso.
Con
requerimientos tan básicos y a la larga tan
inútiles, no es raro que los jurados no hubieran
tenido elementos más contundentes para juzgar un
proyecto más allá de los guiones que se
presentaron, junto con la entrevista personal,
donde el poco tiempo disponible y el talento del
“pitch” de cada concursante, primaba más que la
posible calidad de los proyectos en cuestión.
Tristemente, los últimos resultados comprueban
plenamente esta tesis.
Patadas de
ahogado
Como un intento
tardío de enderezar algunos de los problemas que
hemos destacado en este artículo, las nuevas
reglas de la convocatoria de Producción del 2011
incorporaron dos requerimientos básicos en su
presentación anual. Primero que todo, ahora
solamente se pueden presentar empresas
legalmente constituidas y ya no se aceptan
personas naturales, eliminando un poco la
“informalidad” de años pasados. Las etapas de
producción de una película de largometraje se
dividieron en las tres partes fundamentales de
Desarrollo, Producción y Posproducción, con el
mayor peso cayendo en la primera de Desarrollo,
donde en quince meses de haber recibido el
premio los ganadores deben demostrar claramente
que tienen las posibilidades de terminar el
proyecto seleccionado en el tiempo adjudicado,
garantizando a la vez que ya tienen asegurada el
resto de la financiación y están seriamente
comprometidos técnicamente en todos los procesos
necesarios para llevar a cabo las otras dos
etapas fundamentales de la realización. Si no
presentan las pruebas exigidas y no demuestran
que están preparados para el reto de hacer una
película de largometraje, corren el riesgo de
tener que devolver el dinero del premio.
Desafortunadamente, estos arreglos llegaron
demasiado tarde para atajar a los rajados de las
convocatorias del 2007, 2008, 2009 y 2010, pero
como dicen popularmente, “mejor tarde que
nunca.”
Conclusión
Los resultados
aquí reseñados hablan por sí mismos; no son
fruto de interpretaciones. El panorama puede
mejorar a través de una seria evaluación de la
convocatoria de producción en sus parámetros y
exigencias, para que el esfuerzo y el
aprendizaje acumulado en estos años, realmente
se capitalicen y se traduzcan en calidad y
fortalecimiento del cine colombiano.
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