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Cine digital en América Latina:
esperanza del pasado, desafío para el futuro

por Roque
González
Se calcula que
existen en el mundo más de 40 mil salas
digitalizadas. Mercados importantes como el
norteamericano y el europeo tienen alrededor del
45% de sus parques exhibidores digitalizados.
En América Latina
la proporción es menor: cerca del 20% de las
salas de cine de la región están digitalizadas.
A diferencia de lo que sucede en el resto del
mundo, casi la totalidad de las salas numéricas
latinoamericanas son 3D –de ahí la casi nula
proyección en ellas de filmes que no sean el
entretenimiento hollywoodense “tridimensional”-.
En otras regiones del mundo, sólo entre el 50% y
el 75% de las salas digitales son 3D, con lo que
se aprecia el aprovechamiento de estas pantallas
para proyectar filmes 2D (1) -a excepción de
Europa del Este, en donde, al igual que en
América Latina, la casi totalidad de sus
proyectores numéricos también exhiben en formato
tridimensional-.
Vale notar que al
hablar de “salas digitales” no se está hablando
de los proyectores digitales con los que cuentan
varias salas latinoamericanas -básicamente, las
que proyectan “cine-arte”-. La resolución de
estos proyectores, si bien es alta, es inferior
a los 2K requeridos (2) para exhibir los filmes
3D –aunque también son mucho más baratos:
alrededor de 20 mil dólares contra los 80
mil-100 mil dólares que cuesta un proyector
digital en América Latina (y los 150-200 mil
dólares que cuesta acondicionar una sala para
proyectar en 3D)—. Esta diferenciación se debe a
la norma DCI impuesta por las majors a
partir de 2006: si la sala no cuenta con estos
requerimientos, las compañías no les facilitan
las películas para exhibir –especialmente, los
blockbusters que todo exhibidor requiere
para hacer rentable su negocio—.
Una reciente historia
A diciembre de
2007 sólo cinco países en toda América Latina y
el Caribe (México, Brasil, Ecuador, Colombia y
Chile) poseían salas digitales –21 en total-.
México y Brasil fueron pioneros a la hora de
instalar salas digitales de alta gama –en ese
momento, con una resolución de 1,3K, la mayor
disponible para una sala comercial de cine-.
En el país azteca la empresa
nacional Cinemex inauguró la primera pantalla
numérica de todo el subcontinente en julio de
2000 –en el complejo Mundo “E” del Distrito
Federal, la cual continúa en funcionamiento-. Al
año siguiente, Brasil vio inaugurar otras dos
salas digitales por parte de la empresa UCI
–entonces perteneciente a una sociedad entre
Paramount y Universal- en Río de Janeiro y San
Pablo.
América Latina (2007-2011*)
– Cantidad de salas digitales DCI

* A julio de 2011.
Fuente: Elaboración propia en
base a datos de Media Salles, Screen Digest,
DCinemaToday, Filme-B,
Dolby, RealD, XpanD, MasterImage,
Sony,
agencias nacionales de cine,
empresas exhibidoras y medios periodísticos.
Hubo que esperar
hasta 2007 para que otros países instalaran
proyectores digitales de alta gama: en abril
Ecuador vería abrirse dos salas numéricas en dos
complejos guayaquileños de la empresa nacional
Supercines. Al finalizar el año, había 21
pantallas numéricas en América Latina, mientras
que en el mundo ya superaban las 5800 –el 78%
ubicadas en los Estados Unidos y el 14% en
Europa-.
Durante 2008 las principales
cadenas de cine instaladas en América Latina
–tanto empresas multinacionales como nacionales-
comenzaron a adquirir proyectores digitales para
equipar algunas de sus salas. A finales de ese
año, ya eran nueve los países latinoamericanos
que tenían alguna pantalla numérica entre su
parque exhibidor, sumando 84 en toda la región
–tan sólo el 1,1% del total mundial que superaba
los 7800 proyectores digitales de alta gama (de
los cuales el 69% se hallaban en los Estados
Unidos y el 16%, en Europa)-.
En 2009 fue
incrementándose el número de cadenas que se iban
sumando al mercado de las películas 3D,
incluyendo a medianos y pequeños exhibidores
nacionales. Pero fue Avatar el gran hito
movilizador que terminó de convencer a varios a
sumarse a la ola digital y empujó a muchos a
incrementar su participación. América Latina
totalizaba unos 430 cines digitales,
aproximadamente el 4% del parque exhibidor de
los 18 países que los habían instalado. A nivel
mundial, ese número representaba el 3,5% de los
12 mil proyectores digitales DCI que había
instalados en todo el planeta, de los cuales el
53% se encontraba en los Estados Unidos y el 25%
se hallaba en Europa.
Así, 2010 fue el
año del boom de las salas digitales: en
medio de la peor crisis capitalista mundial en
80 años, el número de estos cines a nivel
planetario creció más del doble hasta superar
los 25 mil, el 34% en los Estados Unidos, el 19%
en Europa y el 6% en América Latina y el Caribe.
En nuestro subcontinente, el porcentaje promedio
de digitalización de los parques exhibidores
nacionales creció ese año al 13% (con casi 1500
salas digitalizadas), porcentaje similar al
presentado en los Estados Unidos y en Europa en
ese momento.
Sin embargo, en América Latina el
65% de las salas digitales de alta gama se
encuentran concentradas en México (46%) y en
Brasil (19%) –repitiendo la misma proporción
desde 2008-. A su vez, casi la totalidad de las
salas numéricas se encuentran ubicadas en las
ciudades y en los barrios de mayor renta –al
igual que la mayoría de los cines con proyección
en 35 milímetros—, exhibiendo los filmes más
taquilleros con una entrada, en promedio, 30%
más cara. Esto explica el incremento notable en
las recaudaciones que experimentaron todos los
mercados desde 2009: una veintena de estrenos
tridimensionales en 2010 (17 en 2009, 5 en 2008
y 2 en 2007), que significaron menos del 10% de
los lanzamientos de sus respectivas
distribuidoras
–filmes hollywoodenses en tercera
dimensión dirigidos al público infanto-juvenil—,
explicaron alrededor del 40% de sus ingresos.
Desafíos del
cine digital para América Latina
La distribución
cinematográfica y la exhibición cinematográfica
están controladas por las majors
estadounidenses y por grandes empresas
nacionales y multinacionales asociadas a ellas.
Esta situación de oligopolio y de colusión en
torno a aspectos básicos como los precios y la
programación conforma un contexto de
preponderancia de las películas norteamericanas,
de sus imágenes y visiones del mundo que inundan
las pantallas latinoamericanas.
Durante la década
del 2000 se consolidó la concentración elitista
del mercado cinematográfico, que prepondera las
ciudades y las zonas más ricas, a la vez que a
las clases más pudientes, para consolidar el
incremento sostenido en las taquillas con menos
diversidad en las pantallas y de espaldas a las
masas que sustentan la base de la pirámide
social.
El incremento del 65% promedio
que el parque exhibidor regional mostró en la
década del 2000
—empujado por México, Brasil y
Colombia (en el resto de los países, la cantidad
de salas ha variado muy poco, o se ha mantenido
prácticamente sin cambios, como en los casos de
Argentina, Uruguay y Paraguay)—
hay que ubicarlo en el contexto
de una alta concentración geográfica y clasista
y del alto costo de las entradas, que
representan –considerando una sola salida
familiar al cine— alrededor del 10% del ingreso
mensual medio latinoamericano.
En este escenario
hace su aparición el cine digital a través de su
nave insignia: el 3D. Hacia finales de 2008, y
especialmente desde 2009, comenzaron a abrirse
decenas de salas con proyección digital de alta
gama. Todas estas salas digitales están
equipadas para exhibir películas
tridimensionales, la gran esperanza de las
multinacionales y las grandes compañías de la
industria cinematográfica para incrementar la
asistencia a las salas y, sobre todo, para
elevar la recaudación.
Sin embargo, las
promesas que flotan en torno al cine digital
sobre democratización, abaratamiento de costos y
mayor diversidad, entre otras, están quedando en
la teoría: si bien el cine digital reduce
considerablemente los costos por copias –cada
copia en 35 milímetros cuesta entre 1500 y 2000
dólares—, la instalación de estas salas
digitales –que engloban proyector, periféricos,
sistema operativo, equipamiento para exhibir en
tercera dimensión y en algunos casos, hasta una
pantalla distinta— ronda en América Latina los
200 mil dólares cada una –casi el doble que en
el seudo “Primer Mundo”—.
Por otra parte,
hay que tener en cuenta que el equipamiento de
estas salas digitales debe seguir estrictamente
la norma DCI, impuesta por las majors
desde 2006, cuyo centro son los proyectores y el
equipamiento conexo por los que hay que oblar
dos centenas de miles de dólares.
De esta manera,
todo parece indicar que a nivel mundial este
tipo de salas está destinada a las grandes
exhibidoras, nacionales e internacionales. En
América Latina ningún Estado está fomentando y
ayudando específicamente a la digitalización de
sus cines –sea con beneficios fiscales,
exenciones impositivas u otros mecanismos—,
salvo tímidas medidas en Brasil.
Acerca del
autor
Roque González
Investigador de cine y
audiovisual latinoamericano.
Autor del libro “Cine latinoamericano y nuevas
tecnologías” (Fundación Nuevo Cine
Latinoamericano, La Habana, 2009).
Trabaja con Octavio Getino en el
Observatorio del Cine y el Audiovisual
Latinoamericano (OCAL-FNCL).
atilioroquegonzalez@yahoo.com.ar
Llamadas
(1)
Por “digital 2D” entendemos
a la exhibición digital según la norma DCI de
Hollywood, pero sin efecto tridimensional.
(2)
“K” equivale, en este caso,
a 2 elevado a 10 (sistema binario), es decir,
1024 píxeles de resolución. Se denominan 2K y 4K
a imágenes de 2048 x 1080 píxeles y 4096 x 2160
píxeles, respectivamente, destinadas a
proyectores y archivos de cine digital.
Fuentes
Imcine
Filme-B
Observatorio Europeo del Audiovisual
Media Salles
Film Journal
Screen Digest
Variety
CinesArgentinos
Texas Instrument
Empresas exhibidoras
Medios
periodísticos
Bibliografía
Gonzaga de Asis,
Luiz, A hora do cinema digital.
Democratização e globalização do audiovisual,
Imprensa oficial do Estado de São Paulo, San
Pablo, 2009.
- - Cinema Digital. Um Novo Cinema,
Imprensa Oficial, San Pablo, 2004.
González, Roque,
Cine latinoamericano y nuevas tecnologías,
Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, La
Habana, 2009.
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