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por
Julio Luzardo
Las dos
grandes metas de casi cualquier cinematografista
colombiano que se respete son las de participar
exitosamente en festivales de cine reconocidos
mundialmente y ver su "obra maestra" proyectada en
simultánea en por lo menos 70 salas de cine en
Colombia. Bueno, soñar no cuesta nada y la primera
meta se ha vuelto la más fácil de las dos, ya que
existen más de 3,000 festivales de cine en el mundo
y cada día nacen más, así que hay bastante espacio
para concursar. Además, solamente en Colombia ya se
han catalogado más de 70 eventos de esta índole y su
valor artístico y comercial se cuestiona más y más
ante la inusitada avalancha de imitadores. Por lo
menos al público general, aquel que sí paga por ver
sus películas, ni le va ni le viene esta feria de
las vanidades porque ante la
inundación de festivales, casi cualquiera puede
participar, salir seleccionado o ganarse un
pergamino insignificante en cualquier parte del
globo. Pero la segunda y más importante meta, la de exhibir
exitosamente su película a gran escala en su país de
origen, Colombia, nos lleva a preguntar, plagiando a
Hamlet en uno de sus monólogos más famosos,
¿distribuir o no distribuir?
El costo
inicial
En
primer lugar, para todos aquellos que no están
enterados de algunas reglas fundamentales de esta
parte del negocio del cine, todos los costos básicos de
lanzamiento, publicidad y copias de una película que
se quiera distribuir teatralmente, le tocan
exclusivamente al productor. Hace muchos años el
costo se repartía equitativamente entre el
productor, el distribuidor y el exhibidor de acuerdo
a su porcentaje de repartición final, pero eso
ya no existe, así que el riesgo está totalmente
en manos del productor.
Para
una película normal, sin grandes expectativas de
taquilla, los requerimientos básicos son el paquete
inicial de por lo menos 500 afiches de pliego, fotos
de cartelera, por lo menos 50 trailers en 35mm de
1:30 hasta 3 o 4 minutos de duración, montaje y
mantenimiento de una página web y de 10 a 15 copias
en 35mm de la película, para un lanzamiento modesto.
Esto puede significar una cifra entre $50 a $80
millones de pesos, o mucho más, dependiendo de las
necesidades adicionales de premiere, jefe o agencia
de prensa, diseño especial de materiales
publicitarios y todas esas arandelas que rodean el
lanzamiento de una película. Sin olvidar los costos
de prensa, que sólo en Bogotá pueden representar más
de $28 millones de pesos en un diario como El
Tiempo durante 4 semanas de exhibición y lo que
pueden costar adicionalmente los lanzamientos locales en
ciudades como Medellín, Cali, Barranquilla,
Bucaramanga, Cartagena, Pereira, etc., etc. En
resumidas cuentas y redondeando cifras, un
lanzamiento modesto no baja de los $100 a $120
millones de pesos en inversión y fácilmente puede
sobrepasar esas cifras antes de ver al
primer espectador entrando a la sala.
Si el
productor tiene algun arreglo con uno de los tres
canales privados (RCN, Caracol o CityTV), va a tener
que repartirle por lo menos un 15 a un 20% de sus
entradas por el privilegio de cubrimiento televisivo
o pago de pauta comercial en el canal.
¿Qué le queda al productor?
Después
de hacer todo el gasto inicial, el productor tiene
que repartir el valor de la boleta con sus dos
socios, el exhibidor y el distribuidor, y el FDC,
que se queda con un 5% de la tajada que le
corresponde al productor (independiente de si ha
ganado o no en convocatorias del FDC o si financió
su película independientemente). Sin existir unos
valores exactos en las negociaciones comerciales
entre el productor, los exhibidores y el
distribuidor, se ha asumido que al productor le
queda el valor neto (casi simbólico) de $1 dólar por cada
espectador que entra a ver la películas o unos
$2.000 pesos por boleta. Así que 10,000 espectadores
representan $10,000 dólares o $20 millones de pesos
colombianos. Quitándole el porcentaje del canal de
televisión y dejando un neto de $0.80 centavos de
dólar, se necesitarían aproximadamente 75.000
espectadores solamente para cubrir el costo de los
$120 millones del lanzamiento inicial.
La ayuda
indispensable del FDC en la promoción
Afortunadamente, para aliviar estas cifras preocupantes,
el FDC tiene un apoyo para aquellas producciones que
hayan llenado los requisitos necesarios, que puedan calificar como producciones o
coproducciones nacionales, y puedan recibir el
Estímo Automático de Promoción en sus dos
modalidades, sin necesidad de concursar en
convocatorias engorrosas o pasar por jurados
despistados.
Cada
película colombiana que se exhiba teatralmente puede
calificar para una bolsa total de $160 millones
repartida en dos formas: la primera (de $80
millones), reconoce el 50% de los valores gastados
en copias, prensa, anuncios de radio y televisión,
vallas, materiales de promoción, etc. Si una
película ha gastado más de $160 millones en estos
renglones, califica para la ayuda total de los $80
millones máximo que entrega el FDC.
La
segunda ayuda (también de $80 millones), depende
directamente de la taquilla generada por la película
en número de espectadores. En este caso se le
asignan $800 pesos por cada persona que entre a ver
la película. El máximo de $80 millones significa que
entraron 100.000 personas a ver la película.
¿Qué posibilidades reales
existen en el mercado actual?
El
panorama no es muy alentador. La realidad de las
cifras de taquilla del año 2010, nos muestran que
solamente las películas de Dago García, Sin Tetas
No Hay Paraíso y Del Amor y Otros Demonios
salvan claramente sus gastos de promoción, pero
extrañamente ninguna de estas dos últimas películas
reclamaron los apoyos automáticos del FDC. La
coproducción Colombo-Panameña Chance, que
tuvo una buena taquilla de más de 100 espectadores, sin
embargo también tuvo un gasto excesivo de 60 copias
en 35mm ($120 millones de pesos) para lograr esa cifra. Las otras 6 películas
del 2010, El Vuelco del Cangrejo,
Contracorriente, Retratos en un Mar de Mentiras,
García, La Sociedad del Semáforo y Rabia,
no lograron buenas taquillas, quedaron con saldos en rojo y
dejan al descubierto la pregunta que encabeza
este artículo,
¿distribuir o no distribuir?
El problema
de producciones realizadas en digital
Y como
si fuera poco el desolador panorama, se vuelve aun
más angustiante para aquellas producciones que
fueron realizadas en digital y que no cuentan con
una copia original en 35mm, no han recibido apoyos
de Producción o Posproducción del FDC o de Ibermedia
y están en el dilema de hacer o no el transfer de
digital a 35mm para poder salir a salas de cine y
participar en festivales de cine internacionales
donde el requisito básico es la copia final en 35mm.
A pesar
de ser un sistema muy económico para rodar una
película hoy en día, mientras las salas de cine y
los festivales sigan exigiendo el estandard de la
copia en 35mm, el costo adicional de transformar el
video digital a cine se vuelve
inasequible para muchos productores con poco a casi
nada de presupuesto. Los $35.000 a $50.000 dólares
necesarios para la "inflada"del material y la
corrección de color, fuera de los costos de
promoción de la película que ya hemos descrito en
este artículo, hacen que muchas películas
desaparezcan para siempre o terminen rasguñando
pocas posibilidades en el mercado del DVD, que nunca
ha sido muy grande para el cine latinoamericano, o
enterradas en canales especializados en cine en
español, donde el escaso pago cubre muy poco del
costo de la película, pero donde por lo menos no se
exigen gastos mayores o pérdidas incalculables.
Las
posibilidades de proyección directamente en digital,
que era el gran sueño del futuro de los pequeños productores
hace algunos años, ha desaparecido gracias a la
proliferación de las salas 3-D, que son mucho más
rentables que las normales, pero vienen acompañadas
de sus altos costos
y casi total exclusividad de producto
norteamericano.
El dilema de
películas con pocas posibilidades de público
Casi
todas las películas colombianas que se terminan,
generalmente se exhiben teatralmente sin considerar
las posibilidades de pérdida, algunas con unos
resultados francamente aterradores. Para evitar este
tipo de desastres económicos, los distribuidores
locales de los grandes estudios de Hollywood muchas
veces deciden no exhibir películas que ellos
consideran que no van a tener mucho público en el
país y prefieren destruír las copias sin estrenar,
junto con los trailers, antes que arriesgarse a
perder mucha más plata en las salas de cine.
La
preocupante falta de rentabilidad
A
diferencia de concursar en festivales de cine, donde
los costos de participación generalmente no son muy
altos y existen algunas ayudas en apoyos monetarios
del FDC para viajes y estadia en otros países, la
distribución en las salas de cine es un negocio
supremamente arriesgado e incierto. Es mucho más
peligroso de lo que se pueden imaginar aquellos que
no conocen el negocio a fondo. Las posibilidades de
hacer un mal negocio y perder plata, son mucho más seguras que las pocas
posibilidades de salir ganando.
Por eso la
pregunta clave,
¿distribuir o no distribuir?
se debería volver obligatoria en las decisiones de
realización de
cualquier película que se haga en el país. Es muy
lindo soñar con una taquilla de un millón de
espectadores, pero la realidad nos enseña que eso es
tan difícil como ganarse el premio gordo de la
lotería...
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