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Dos
películas, dos estilos, dos resultados
distintos:
lo bueno, lo malo y lo feo de
nuestro cine

Por Julio Luzardo
Rara vez dentro
de la historia del cine colombiano se había
visto el enfrentamiento de dos películas
nacionales tan similares en algunas cosas y tan
totalmente opuestas en otras, como el caso de
Riverside de Harold Trompetero y
El Arriero de Guillermo Calle, que
están en cartelera a la misma vez. Una es la
exaltación de lo mejor del ser humano ante la
adversidad económica y la otra es una apología
descarada a
la droga, el narcotráfico y el dinero "fácil"
que buscan aquellos que en su infinita
mediocridad no son capaces de trabajar
decentemente para conseguir lo que necesitan en
la vida.
Una
fue lanzada tímidamente en solo 10 salas de
Bogotá, donde va encontrando su público
lentamente, mientras la otra está en más de 50
teatros en las principales ciudades del país.
Pero de las primeras taquillas se desprende que
Riverside está duplicando las
entradas de El Arriero en número
de espectadores por copia, cifra nada
despreciable al comparar la inversión de cada
una.
A la vez que
muestran dos modos de vida totalmente opuestos,
las dos películas también son ejemplos de lo que
está mal y lo que está bien en el cine
colombiano. Una tuvo todo el apoyo gubernamental
posible, ganó premios de realización del Fondo
de Cinematografía y de Ibermedia, que sucede muy
pocas veces, se le gastó más dinero en su
realización que casi cualquier otra película
colombiana en los últimos años,
mientras la otra se hizo literalmente con mucho
amor, cariño, esfuerzo personal y "con las
uñas", bajo un frío infernal que casi acaba
con el actor protagonista, Diego Trujillo. Afortunadamente lo bueno y lo malo
siempre se ven en pantalla, que es donde siempre
se debe juzgar una película y el exceso de plata
detrás de cámaras no necesariamente se refleja
frente a ellas. Por eso el logro del Nueva York
que vemos en Riverside es tan
significativo y la ciudad que nunca duerme se ve como si los
realizadores hubieran tenido toda la plata y
toda la ayuda del
mundo. En cambio, en El Arriero
hay una escena cerca al final donde la actriz
Carmenza Cossio entra a un supuesto apartamento
super-elegante en España, que notoriamente no
tiene casi ambientación y parece desocupado, de
tercera, y exclama con gran admiración sobre la
vista tan espectacular que tiene el apartamento,
pero nosotros como espectadores no vemos
absolutamente nada, nos quedamos esperando "la
vista fabulosa" que nunca aopareció. Así es casi toda la
película. Las acciones siempre suceden fuera de
cámaras, o en voz en "off" o directo a cámara
como en cualquier comedia barata y las escenas
espectaculares nunca se ven. En resumidas
cuentas, El Arriero no es ni
sombra de los 3.500 a 5.500 millones de pesos que
según sus productores costó su realización.
Riverside,
sin ser una obra maestra, demuestra
que con poca plata y unos buenos y carismáticos
actores, se puede hacer buen cine.
Desgraciadamente, muchos de los nuevos cinestas
colombianos creen que para hacer cine se
necesita toda la plata del mundo, los mejores y
últimos equipos de alta tecnología y desconocen
que lo único que siempre ha sido indispensable
en el cine ha sido una buena historia, un
poco de talento, conocimiento de las
bases primordiales de la cinematografía, una
cámara y unos actores con muchas ganas de
trabajar. El resto viene por añadidura. Y
afortunadamente, eso se ve claramente reflejado en la
pantalla.
Nuestra intención no es la de hacer una crítica
de cada una de estas películas. Esa labor
ingrata se la dejamos a los críticos de verdad.
Sólo queremos destacar cómo con buenos elementos
mínimos y buenos conocimientos cinematográficos,
se puede hacer cine con un equipo pequeño, poca
plata, pero con mucho entusiasmo y dedicación.
En este sentido, Harold Trompetero es un ejemplo
único dentro de todos los directores de cine
colombiano de las últimas décadas. No es un
director de "culto" como Víctor Gaviria, Sergio
Cabrera, Felipe Aljure, y algunos otros, pero
creo que ellos aprenderían mucho de cómo se
debería hacer cine en un país como el nuestro de
un personaje tan excepcional como Trompetero.
Desafortunadamente aquí los medios nunca han
sido los adecuados y el ingenio tiene que suplir
muchas faltantes, así sea fracasando la mayoría
de las veces.
Sin
embargo, Riverside y El
Arriero en especial, resaltan uno de los
problemas más graves que tenemos en nuestro
cine, la falta de credibilidad de nuestros
actores, que puede se falta de "escuela", de
experiencia o de concepto de los directores al
asumir el retro de filmar una película, que es
muy diferente al de hacer una telenovela o una
obra de teatro. El cine, por encima de la
televisión y el teatro, depende en gran parte de
la veracidad de los actores, que no es
simplemente conseguir actores que no sean de
televisión o gente de la calle. Dos películas
del año pasado, La Milagrosa y
PVC-1, fallan precisamente en este
punto, a pesar de ser muy buenas películas en
otros sentidos.
COMENTARIOS DE NUESTROS LECTORES:
Mayo 23, 2009
Nombre:
monoxido
Correo
Electrónico:
monoxidadodeciud@latinmail.com
Yo si vi las dos películas, El arriero tiene
lo de dirección de arte que apunta el artículo
pero en general en el aspecto técnico es bien
cuidada, buen ritmo en su lenguaje visual y
sus efectos de sonido y música, es mucho mas
ágil que Riverside, que a mi parecer se queda
en algunas buenas escenas, pero la película en
su totalidad no es buena, sobretodo su final,
DA PENA ajena, yo creo que como sinopsis es
buena pero el desarrollo ..., El Arriero, no
profundiza mucho en la parte social del tema
entonces se queda en mostrar lo de siempre,
pero con mucha mejor factura. En conclusión
estos dos equipos se deberían unir porque uno
tiene lo que el otro no y ver si sacan mejores
guiones o si no contratar a un guionista más
profundo.
Guillermo D´abbraccio
E-mail:
colinavital@gmail.com
De acuerdo con usted. Riverside es un canto a
la sencillez, a narrarnos en nuestras
miserias, en nuestros proyectos. Me encantaron
los protagonistas, y especialmente esos
diálogos llenos de sueños, de expectativas.
Los planos sobre la bahía de Nueva York, esas
muestras de Manhatan me conmovieron. El sueño
americano al revés¡¡¡¡
No he visto "El arriero", pero con usted es la
quinta persona que no me hace buenas
referencias. De todos modos, ya fui a ver dos
veces Riverside y con ello apoyo a Trompetero
en esta, que me parece su mejor largometraje
Hasta pronto
Guillermo D´abbraccio
Manizales
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