| |

Los altos
costos de producción están acabando con las
pocas
posibilidades de rentabilidad del cine
colombiano
por Julio Luzardo
El
cine, el llamado "séptimo arte", es el más costoso
de las artes y a la vez una rara e
incomoda combinación entre lo artístico y lo
comercial. De pronto el arte del cine está precisamente
en lograr combinar estas dos características tan
contradictorias de tal forma que no solamente se
complementen, sino que se nutran mutuamente y
puedan sobrevivir. En Hollywood, que ha sido la
base de la unión comercio/arte en el cine, desde
un inicio se formaron unas empresas muy
poderosas que son las llamadas "majors", como la
Warner, Universal, Paramount, Metro, Fox y
posteriormente, Disney. Gracias a su continuado
éxito sobre los años y el surgimiento de otras
empresas nuevas como DreamWorks, Miramax, entre
otras, han logrado mantener su dominio casi
exclusivo en todas las pantallas de cine del
mundo. Sólo el cine inglés y un poco el francés
logran de vez en cuando romper esa coraza
comercial que se ha construido en más de 80 años
de supremacía ininterrumpida de la dupla
comercio/arte de los estudios de Hollywood, que manejan tan bien. Además,
alimentados y fortalecidos con una base
constante de espectadores "locales" de Estados
Unidos, que pueden garantizar entre $40 a $70
millones de dólares en recaudos para una
película de éxito en la sola taquilla de los
primeros tres días de estreno, fenómeno que no
se puede duplicar en ninguna parte del mundo.
Cada país
defiende lo propio
Sin
embargo, la mayoría de los países del mundo se
defienden localmente al apoyar producto propio o
en co-producción, que generalmente produce más
en su propio país que las películas de mayor
renombre de los "majors". Esta es una
particularidad
mundial y no solamente un fenómeno colombiano,
como el que hemos vivido en los últimos 4 años
con la primacía de nuestras películas por encima
de las grandes super-producciones de Hollywood.
El problema reside en la precaria situación de no tener
empresas fuertes que puedan competir
continuamente contra la avalancha de producto
de Estados Unidos. La solución no es producir más y
más, que es un obstáculo peor al inundar el
mercado con productos mediocres, sino tener
películas de calidad que puedan seguir
compitiendo decorosamente. La única constante en
nuestros países en cuanto al cine es
precisamente la falta de constancia y de una
"cabeza" reguladora del cine que se va a
producir en
el país. Cada película es un producto artesanal
único que se tiene que defender por sí solo sin
ningún apoyo estatal o empresarial definido. Una
de las fallas de la desaparecida Focine fue
precisamente esa falta de conocimiento y
liderazgo en la parte fundamental del proceso
cinematográfico, la distribución y venta de una
película. No es ninguna coincidencia que la
mayoría de las películas producidas por Focine
están dentro de las de más baja taquilla en la
historia del cine colombiano. "Hacer" y "vender"
definitivamente son dos palabras y dos procesos
totalmente opuestos. Focine logró pasear sus
películas por todos los festivales prestigiosos
del mundo, donde cosechó muchos premios
inútiles, pero falló en conseguir el único
premio que garantiza la sostenibilidad de una
industria: el apoyo del público y la
rentabilidad de sus productos. Y ahora,
tristemente, con la Ley 814 de 2003 estamos
igual o peor que en la época lejana de Focine.
Dar premios a diestra y siniestra dentro de un
populismo mal entendido, sin conceptos claros de
viabilidad y comercialización final, es seguir
dando pasos en falso que llevan directo al
abismo. Es como la alegría momentánea del
borracho, que siempre termina en un guayabo
tenaz.

¿Por qué no
es rentable el cine colombiano?
Aunque parezcamos ingenuos o simplistas, la
falta de rentabilidad del cine colombiano está
principalmente en costos disparados y falta de conocimiento
de los procesos básicos de promoción, distribución y
exhibición, piezas claves en la comercialización
de una película, que se deben tener en cuenta
desde el inicio de un proyecto y no al
final cuando ya es muy tarde y no hay
posibilidad de arreglo. Todo comienza desde lo
básico: un presupuesto ajustado no solamente a
las necesidades de un guión sino a las
posibilidades de una rentabilidad basada en
hechos reales y no en sueños imposibles. En estos últimos años se han ido
creando unos mitos que han afectado los
presupuestos de los proyectos y alimentado las expectativas
exageradas de productores noveles que todavía no
tienen la experiencia de ver un trabajo suyo
en la pantalla grande. Sólo unos pocos tienen
los pies en la tierra y saben exactamente en qué
se están metiendo y se preparan adecuadamente. Los otros viven y respiran
los mitos: que el "boom" del cine colombiano es
un estado permanente y no transitorio, que para
lograr una
buena película colombiana se tiene que invertir
más de $2.000 millones de pesos, que lograr una
taquilla de un millón de espectadores es muy
fácil y que medio millón es la cifra "normal"
que puede esperar cualquier película nacional, que los premios del FDC son
el reconocimiento justo para unos cuantos genios super-dotados,
de los cuales ellos son brillante ejemplo, y de
últimas, que el cine colombiano es altamente rentable...

¿Qué nos
depara el futuro?
Lamentablemente, el "negocio del cine
colombiano" se mueve en los últimos años alrededor de
los premios anuales que entrega el FDC y depende
de los gustos personales de jurados extranjeros que no
tienen idea ni les importa para nada la
industria cinematográfica nacional. Para ellos
es simplemente un trabajo que no solamente les
pagan sino que tienen la oportunidad de visitar
a Colombia durante una semana con todos los
gastos pagados. A fin de cuentas es escoger unos
ganadores y no preocuparse por los resultados ya
que no existe ninguna presión por parte del FDC
en seguir alguna política para crear un mejor
cine colombiano y que a la vez sea
económicamente viable y no deje un reguero de
empresas quebradas por el camino. Por
ejemplo, en
la última convocatoria de producción del FDC del
2008 el jurado escogió 11 proyectos en lugar de
los 8 que estaban estipulados en las reglas
iniciales, cometiendo un error igual al del año
anterior cuando seleccionar dos proyectos más de
lo presupuestado. Al realizar nuestra evaluación
económica sobre los proyectos escogidos en el
2008, encontramos que 1 proyecto se encontraba por debajo
de los $1.000 millones de presupuesto, 2 estaban
en el termino medio de $1.000 a $1.250 millones,
5 entre $1.680 y $2.000 millones y 3 por encima
de los $2.000 a los $2.862 millones. Sin entrar
a calificar proyectos que desconocemos
totalmente, pero que
no están basados en libros exitosos o hechos
significativos de la vida nacional, elementos
que por experiencia son casi indispensables para
lograr un buen rendimiento en la taquilla, nos
parece que en esta muestra no hay "títulos"
o "ganchos" comerciales que
atraigan fácilmente el gusto del público o
garanticen devolución siquiera de parte de la
cuantiosa inversión presupuestada. Podemos citar
dos ejemplos recientes de películas que
igualmente no contaban con
atractivos verdaderamente "comerciales" :
"Perro Come Perro" y "La Milagrosa",
temas originales bastante difíciles por sus
tratamientos violentos, que supuestamente costaron
mucho dinero según sus productores, pero que nunca
van a llegar a la cifra mágica del medio millón
de espectadores, ni mucho menos el de un millón.
A pesar de ser películas muy bien realizadas,
con excelente crítica y buenos lanzamientos
publicitarios en televisión, no logran pasar de
los 300.000 espectadores y entran a engrosar la
lista de películas colombianas que no llegan a
cubrir sus costos de producción y dejan un gran
saldo en rojo. Si contabilizamos los 300.000
espectadores de cada una de estas películas en
$1 dólar por espectador para el productor,
serían aproximadamente $630 millones de pesos,
que añadidos a los $390 millones del premio del
FDC, nos daría un total de $1.020 millones para
la película que logre repetir estas cifras. Sin
embargo, ninguna película responde igual a otra
y estos dos casos eran de películas
excepcionales, muy bien realizadas y lanzadas,
pero también bastante costosas.
Y para colmo de males, habían dos documentales
escogidos, uno con presupuesto encima de los
$500 millones de pesos y el otro cercano a los
$2.000 millones, cifras absolutamente
demenciales y fuera de orbita para documentales,
que son los productos de más bajo rendimiento
que hay en las taquillas de cine. Los tres
ejemplos que existen de cine colombiano en este
género son La Desazón Suprema y El
Palenque de San Basilo, que lograron 1.000
espectadores c/u y Los Archivos Privados de
Pablo Escobar, que logró 5.500. Creemos que
los comentarios sobran, pero cabe preguntar si
los jurados extranjeros estaban advertidos de
estas cifras tan significativas al escoger dos
(2) proyectos documentales en la selección de
Producción de Largometrajes y los dos (2) únicos
premios en el de Posproducción de Largometrajes.

El mito más
grande de todos: la taquilla en el exterior
La
mayoría de los nuevos productores, con el ego
desbordado después de haber ganado una
convocatoria del FDC, escudan sus altos costos
en las remotas posibilidades de sus películas en el
incierto y casi nulo mercado exterior y miran
con desdén el mercado local como algo sin
importancia. Les interesa más las invitaciones a
festivales de cine que les patrocinan el mismo
FDC donde pueden "chicanear" con
sus producciones y tomarse una foto al lado de Quentin Tarantino
o Almódovar, que devolverle la platica a
aquellos pobres ilusos inversionistas que
creyeron el sueño fantástico que les vendieron
como "el mejor negocio del mundo".
La
realidad de la distribución cinematográfica
mundial es que casi todos los países
siguen una formula parecida a la que tenemos en
Colombia en cuanto a la oferta anual de cine, donde el 60% de las películas son de Hollywood, un 9 a 10% de Francia, 5%
nacionales (en este caso,
Colombia), 4% de España. Inglaterra,
Italia. Argentina, Alemania, Suecia, México,
Japón, China y otras se disputan el pequeño
porcentaje restante, dependiendo de cada
situación. Latinoamérica no tiene casi cabida en
este selecto club y son pocas las posibilidades
de estrenar en otros países a no ser que la
película tenga un actor de ese país o sea de
interés especial. Además, el dinero que se
recolecta de esta forma y a través de canales de
televisión locales o de cable, es bastante
limitado. No es ninguna panacea porque "lanzar"
una película comercialmente es cualquier parte
del mundo se ha vuelto un negocio supremamente costoso hoy
en día y son pocos los distribuidores que se
arriesgan con productos que no tienen público
más o menos garantizado. El fracaso económico de
Rosario Tijeras en España y México es un
excelente ejemplo de lo que queremos decir. La verdad es
que el productor colombiano tiene que obtener
sus mayores entradas aquí en Colombia y limitarse a migajas
insignificantes por otros lados.

¿Se pueden
reducir los costos?
Los mejores ejemplos de costos racionales en
películas colombianas son todas las de Dago
García, las producidas y dirigidas por Harold
Trompetero, La Sombra del Caminante de
Ciro Guerra, Cuando Rompen las Olas de
Riccardo Gabrielli, Bluff de Felipe
Martínez, y dos que no se han estrenado todavía,
Riverside de Harold Trompetero y
Flashback de Miguel Urrutia. El éxito final
ha sido bastante disparejo, no garantiza
ganancias, pero por lo menos
sus costos menores han ayudado a mantener un
equilibrio más balanceado entre costo y recaudo.
Para lograr un buen producto no es necesario
gastar desmedidamente, tener un equipo
gigantesco, movilizar grandes masas o endeudarse
más de la cuenta.
El
cine es básicamente una buena historia, actores,
una cámara, material fílmico, un sueño y mucho
amor y sacrificio. El resto es simplemente el
"decorado bonito del ponqué".
Desafortunadamente, en los últimos años muchos
han creído que el cine es simplemente una copia
de Hollywood y todos sus excesos falsos y
costosos. Aunque muchos dicen que la copia es el halago más
grande que hay, tratar
de copiar un mito como Hollywood sin el dinero necesario es prácticamente una
locura. El cine se puede hacer de muchas
maneras, unas más costosas que otras. A veces
los actores de mucho renombre internacional
encarecen indebidamente los presupuestos, pero a
la vez garantizan que ese dinero se incremente
con creces gracias a sus nombres. A veces son
los efectos especiales, la animación complicada,
las explosiones y los helicópteros, las grandes
masas de extras, los grandes estudios, las
escenografías espectaculares, los vestuarios
costosos... en fin, todo lo que implica una gran
producción, casi siempre ligada con un nombre
sinónimo de fastuosidad, opulencia y costos
desmedidos: !Hollywood! Casi todo el cine que se
hace en el mundo se mide con su escala de
valores superficiales, pero pocos pueden llegar
siquiera a igualarla y el riesgo de fracaso
siempre ronda cualquier producción que lo
intenta. Tratar de copiar los grandes
equipos, los gastos superfluos, el exceso
desmedido, son parte de la causante de la
desproporción entre ingresos y costos. De pronto
es el hecho que muchos de los nuevos
realizadores vienen del mundo de los comerciales
y la publicidad donde el mundo es tan irreal
como sus extravagancias, a costillas de los
clientes que pagan más por el "show" de una
filmación que lo que se ve efectivamente en
pantalla.

¿Se puede
luchar contra lo inevitable?
Solo si se toma conciencia de la importancia del
verdadero costo de una película y se compara con
sus posibilidades de ganancia, se puede llegar a
un costo racional por proyecto. A los jurados de
las convocatorias los deben escoger más por su
experiencia práctica en producción que por sus
meritos artísticos/literarios, que no les van a
servir de nada ante una realidad cruda de
costo/beneficio que es el cine. Si se hubiera
seguido esa sencilla regla, por lo menos un 60%
de los proyectos escogidos este año se habrían
"rajado" desde un principio. Bajo las
circunstancias actuales, con las experiencias
demostradas, hacer una película en Colombia con
un presupuesto de más de $1.300 millones es una
locura absoluta, y aún así, si las condiciones
son adversas, esta cifra también puede
ser
demencial.
Conclusión
Después de cinco años de funcionamiento de la
nueva Ley 814 se ha activado el cine nacional
como nunca antes, dándole cabida a nuevos
realizadores mientras afianzan su público con la
ayuda de nuevas tecnologías que aligeran y
facilitan los procesos tradicionales. Sin
embargo, la producción desenfrenada, sin guía,
los apoyos a medias, la escogencia de proyectos
sin muchas posibilidades comerciales, los costos
desmedidos, la ausencia de un análisis serio de
la situación actual, la ausencia de rentabilidad y
la creciente falta de confianza de los
inversionistas, dejan muchas dudas sobre el
futuro y no dan garantía de un "final feliz",
que es lo que siempre ha mantenido a Hollywood.
julioluzardo@enrodaje.net
|
|