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Manifiesto y Otros Demonios

Por
Julio Luzardo
Todavía con la nostalgia de no haber asistido al último Festival
de Cine de Cartagena, nos llegó el siguiente
escrito a nuestro correo, que nos dejó
pensativos no solamente por el rimbombante
apelativo de "MANIFIESTO", que es casi como una
declaración de guerra o un epitafio a destiempo,
sino por algunas implicaciones en su texto que
nos parecen, en el mejor de los casos,
equivocadas. El escrito dice textualmente:
Documento leído
en la sesión de entrega de premios del 49º
Festival de Cine de Cartagena:
Llamado a la
acción
El Festival de
Cine de Cartagena, a lo largo de los años y en
contra muchas veces de duros mares de leva, es
el lugar en el cual los hacedores del
audiovisual colombiano nos hemos encontrado
para llorar desdichas, muchas, celebrar
alegrías, no tantas, quejar del desamparo,
nada raro, lograr reivindicaciones, también,
fiestear hasta el amanecer, siempre.
Por eso creemos
que no hay mejor espacio para exponer algunas
reflexiones que se suscitan en este momento en
que la producción nacional del cine está
empezando a mostrar una preocupante curva
descendente en su rendimiento industrial. Nos
preocupa y como no queremos sólo preocuparnos,
sino ocuparnos, hacemos públicas estas
observaciones.
Nuestra ley de
cine, bendita sea la hora de su creación,
tiene en sí misma los elementos que nos pueden
permitir capear el crítico temporal que se vio
venir y que ahora empieza a arreciar.
Como la
santísima trinidad, a la que somos tan devotos
en este país, la ley tiene también tres
columnas sobre las que se sostiene. De ellas
tan sólo está desarrollada plenamente la que
tiene que ver con los aportes parafiscales que
exhibidores, distribuidores y productores le
transfieren desde la taquilla al Fondo que
manejan las autoridades cinematográficas y que
éstas luego inyectan, vía convocatorias, en la
industria. En la medida en que la curva siga
cayendo, la recaudación del Fondo se verá
también afectada, por lo que esa columna está
siendo amenazada en su esencia.
Los otros dos
pilares son:
La Deducción
Tributaria y la Titularización.
La Deducción no
está siendo efectiva en toda su magnitud
porque se ha impuesto, por resolución y en
contravía de lo que la ley permite, un tope, a
nuestro parecer muy bajo, que ha hecho que la
inversión privada deducible tan sólo fluya en
una tercera parte de su potencial total actual
hacia los proyectos de largometraje
colombianos, obligando a que las otras dos
terceras partes de los recursos necesarios
para hacer nuestro cine, deban ser asumidas,
con sus riesgos, por nuestras casas
productoras, que a diferencia de los
inversionistas privados, no gozamos de ningún
beneficio tributario sobre los dineros
invertidos en nuestras películas.
La
Titularización, que consiste en que una
película se pueda hacer vendiendo acciones, lo
que significa atomizar el riesgo y por tanto
atraer a muchos pequeños inversionistas, no ha
sido desarrollada hasta ahora, pese a que la
ley que nació hace ya seis años prevé su
implementación.
Como bien se
sabe, si una plataforma se sustenta en tres
pilares y uno está amenazado, el otro
desarrollado en un tercio de su potencial y el
tercero desatendido, la plataforma más que
plataforma se convierte en un sistema de
equilibrio muy, muy precario. Utilicemos a un
prócer de esta ciudad como imagen, don Blas de
Leso, tuerto, manco y cojo. No queremos que
nuestra ley, la ley que ha permitido que en
Colombia se estén haciendo más de diez
películas anuales, se parezca a este
prohombre, la preferimos mejor tan
resplandeciente, sensual y bella como la India
Catalina.
Es por eso que
hacemos un llamado a las autoridades y a
nosotros mismos, como gremio, para trabajar
unidos en el pleno desarrollo de la ley,
buscar su ampliación y desarrollar nuevas e
imaginativas formas para que nuestro cine siga
llegando a las pantallas en el volumen actual
y no regresar a etapas superadas en los que
los largometrajes estrenados al año eran uno o
ninguno.
Quede este
documento como constancia de que estuvimos
alerta, que lo decimos hoy y lo hemos venido
diciendo, y que seguimos dispuestos a
trabajar. Los tiempos son críticos y las
condiciones, todo lo indica, empeorarán. Por
tanto, como en el cine, pongámonos en acción,
para no sentarnos después en una mesa a
hablar, como ocurre muchas veces aquí, de lo
que pudo haber sido y no fue.
Firmado en
Cartagena de Indias en Marzo de 2009 por los
Directores y Productores colombianos:
Adriana Arango,
Lisandro Duque, Heriberto Fiorillo, Ricardo
Coral, Felipe Aljure, Víctor Gaviria, Oscar
Campo, Jorge Navas, Harold Trompetero, Rafael
Lara, Ciro Guerra, Alberto Dorado, Guillermo
Calle, Jaime Espinosa, Felipe Solarte, Fredy
Fehrman, Vlamyr Vizcaya, Alina Hleap, Carlos
Fernández de Soto
Como siempre, las intenciones de
escritos como el anterior, son muy buenas, pero
fallan al no poner el "dedo en la llaga" de los
verdaderos problemas y se van por las ramas con
remedios que pueden ser o no la solución de los
problemas que aquejan al medio cinematográfico
en este momento. Primero que todo, tenemos que
confrontar directamente el hecho que el cine
colombiano no está satisfaciendo el gusto de su
público y eso tiene más que ver con la
escogencia de temas, con la selección de
proyectos para premiar hecho por jurados
extranjeros que no conocen al público colombiano
y por algunas realizaciones que no cumplen con
ciertas características necesarias para captar
ese mismo público. En este momento podemos ver
el caso de las dos películas Riverside
y El Arriero, que nos pueden
servir de ejemplo perfecto de lo que estamos
comentando. Riverside fue hecha
con una mínima ayuda del FDC, mientras El Arriero
tuvo todo el apoyo de realización no solamente
del FDC, sino de Ibermedia. ¿Quién
falló en El Arriero? ¿El
jurado de las dos convocatorias donde salió
premiado, o el realizador? ¿O ambos?
Definitivamente hay un corto-circuito entre la
palabra escrita y lo que sale posteriormente en
pantalla.
Según las estadísticas de Proimágenes, la
taquilla colombiana, y no solamente la del cine
nacional, va decayendo peligrosamente este año,
o por lo menos en los primeros tres meses. Sin
embargo, gracias a la Ley y a algunos esfuerzos
personales, en el momento se encuentran más de
60 producciones en diferentes etapas de
producción avanzada o terminadas; una para
estrenar cada mes de aquí a principios del 2014,
sin contar los 40 nuevos proyectos que van a recibir
apoyos de realización en esos mismos años, así
que por el lado de producción no hay ningún
problema. Hay más que suficiente oferta para la
evidente poca demanda. La
pregunta del millón es si el público colombiano
está dispuesto a apoyar esa cantidad de
películas simplemente por el hecho de ser
nacionales.
Por
otro lado, la eterna queja de los productores de tener que invertir en sus
propias películas, me parece el argumento más
débil de todos porque demuestra una falta de
compromiso y confianza personal en su propio
trabajo. Que sepamos a ciencia cierta, sólo en
Hollywood se consigue financiación externa total
para hacer películas y más que todo aquellas que
están bajo el respaldo de los grandes estudios.
En el resto del mundo, incluyendo Estados
Unidos, el productor independiente es un
guerrero que tiene que exponer su propio pellejo
todos los días para que las cosas
funcionen, como lo hemos hecho todos los que
hemos tenido que sobrellevar durante tantos años
esta carrera tan insegura desde el punto de
vista económico. De cierta forma, son gajes del
oficio del productor independiente y "van con el
territorio". De todas maneras, Colombia al tener
una ley que alivia parte del riesgo, está mucho
mejor que otros países, donde las cosas son aun
más difíciles, .
En
cuanto a lo de la Deducción Tributaria, parte
fundamental en la financiación, que en
el escrito dice que existe un tope muy bajo,
quisiéramos una aclaración al respecto porque en
los datos publicados por la Dirección de
Cinematografía del Ministerio de Cultura hay
unas películas como Satanás que
recibió $2.245.847.866 pesos por el lado de
inversionistas que se acogieron a esta parte de
la Ley, La Milagrosa
que recibió $1.685.806.788, Al Final del
Espectro que recibió $1.243.403.740, que son cifras mayores, con las que se
puede financiar fácilmente una película de
excelente factura aquí en Colombia y no nos
parece un argumento valido sobre el cual llamar
la atención. Es muchísimo más preocupante no
poderle devolver a estos mismos inversionistas su plata
con algo de rentabilidad. En lo del número de
empresas o de inversionistas que se acogieron a esta
forma de financiación, Yo Soy Otro,
tiene el record, con 73 certificados por un
valor de $646.000.000 pesos. Nos hacemos la
pregunta: ¿Cuál tope? ¿El de inversión total o
el número de inversionistas? En cualquier caso,
no hay caso...
Y
ahora el tema "espinoso" y
posiblemente olvidado de la Titularización.
Decimos "espinoso" porque verdaderamente son más
la expectativas que genera, que lo que
verdaderamente nos dice la realidad ante
formulas que tienen que depender casi en su
totalidad del sector
financiero, sus altos costos y su ineficiencia
para ayudar a la pequeña empresa. Como anécdota
aclaratoria, al inicio del FDC, se reservó una
suma significativa para préstamos a productores
que necesitaran fondos adicionales para terminar
sus películas, pero no fue
posible llegar a un acuerdo con los bancos para
lograr esta simple operación. Algo parecido
sucede con la titularización, que en cifras
pequeñas (de menos de $20.000 millones), es casi
imposible de cristalizar por los altos costos de la
intermediación bancaria. Sin intentar entender
esta posición absurda, le pedimos un concepto
profesional a una persona que ha trabajado en el
sector financiero durante muchos años y que ha
manejado 5 titularizaciones de gran escala:
"He leído el manifiesto, y uno no puede más
que aceptar que estamos advertidos. Se expone
en él que las titularizaciones son LA SOLUCION,
que por negligencia o indiferencia, se han
dejado de desarrollar para activar la
"industria".
El ver este instrumento financiero como la
panacea, no es más que el desconocimiento del
alcance del mismo y de alguna manera echarle
la culpa al sofá. Las titularizaciones son un
instrumento eficaz pero lento, super exigente
y costoso. Los costos fijos involucrados en
el proceso hacen que sea una alternativa para
grandes proyectos y cuando digo grandes me
refiero a proyectos que excedan los $ 20.000
millones de pesos; por supuesto, las garantías
comprometidas para respaldarla deben ser al
menos 1.5 veces el valor del proyecto. Ahora
bien, este instrumento es para proyectos cuyo
retorno requiera mediano o largo plazo, es
decir, tres a cinco años para el primer caso ó
a partir de cinco y hasta 10 en el segundo.
En la medida que se use este instrumento para
financiaciones a corto plazo, se vuelve mucho
más caro.
De ninguna manera, a juicio de un buen
financiero, la titularización es un
instrumento para financiar una película".
En
fin, que cada uno saque sus propias
conclusiones, pero la experiencia nos ha
enseñado que muchas veces los sueños imposibles
ayudan a tapar la dura realidad. En este caso,
esa realidad no solamente es la caída de la
taquilla, sino la falta de evaluación por parte
de Proimágenes y la Dirección de Cinematografía
del Ministerio de Cultura para llegar a
conclusiones o cambios fundamentales que pueden ser
necesarios en este momento para verdaderamente
cimentar las bases de una industria que no logra
despegar en forma por más manifiestos que se
escriban.
julioluzardo@enrodaje.net
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