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Rafael Méndez, El Antigalán de Moda
Por Javier Santamaría
No tiene la silueta de Fernando Colunga, ni las
facciones de un Brad Pit, ni mucho menos la
sensualidad agreste de Mario Cimarro, él es un tipo
tan común y corriente como encantador, elemental,
tierno, espontáneo y aguerrido, irremediablemente
honesto, cualidades suficientes para robarse el
cariño de todos los televidentes seguidores de la
telenovela “Hasta que la plata nos separe”, los
mismos que ven reflejado en Rafael Méndez al
prototipo idealizado y emblemático del hombre
colombiano, de repente ya en vía de extinción, pero
que para regocijo aún sobreviven muchos especimenes
en cada rincón de la geografía nacional y son ellos
los que con su tesón forjan el diario acontecer y
futuro de nuestro país.
Ha sido un reto superado para el actor Víctor Hugo
Cabrera encarnar a Rafael Méndez, quien a lo largo
de su carrera ha interpretado personajes con matices
esencialmente cómicos, una de sus primeras
apariciones en televisión fue por allá en los
ochenta a través de una versión juvenil de “Tom
Sayer” junto a Nelly Moreno y Ulises Colmenares,
pero es sin lugar a dudas Peter Alexander Tuta, el
personaje de la comedia “ Romeo y buseta” que lo
marco hasta hoy, pues el mejor vendedor de “Colombiautos”,
con creces ha logrado partir su trayectoria actoral
en dos.
“Lo que se hereda, no se hurta”, Víctor Hugo Cabrera
es hijo de Concha Potier, una de las grandes
actrices de la radio y la televisión de antaño.
Estuvo casi tres años ausente de la pantalla chica
dedicado a otros menesteres, pero el bichito de la
actuación lo pico de nuevo y le obligo a regresar en
un corto pero sustancioso papel de reparto en la
telenovela “Lorena”, posteriormente para su fortuna
se ganó el difícil casting para el protagónico de la
nueva historia de Fernando Gaitan.
Las más recientes escenas de “Hasta que la playa nos
separe”, grabadas en la ensoñadora Cartagena de
Indias, fueron el marco perfecto para la
consolidación del romance más esperado por los
colombianos, probablemente por su incongruencia y
singularidad, por lo cóncavo y convexo del mismo. La
recia, autoritaria y dominante Alejandra Maldonado
interpretada por la actriz Marcela Carvajal, por fin
y sin querer queriendo sucumbió ante los encantos
del “victimario” ingenuo, torpe, noble y querendón.
La telenovela colombiana ha roto con el paradigma
del galán bello y pusilánime que se estila en todos
los melodramas clásicos y que por regla general son
ensombrecidos por llamativos personajes de reparto,
pero en “Hasta que la plata nos separe” no hay pie a
que esta situación se viva, pues aunque la heroína
ha sido delineada para avasallar en escena, se debe
batir con un antigalán audaz a su manera y una
villana que se guerrea el show con mucha altura en
la piel de la actriz Liliana González.
A cada actor le llega su cuarto de hora y este es el
de Víctor Hugo Cabrera, quien sin ser el prototipo
del galán clásico, hace suspirar hoy a las
colombianas, que ven en él y en especial en Rafael
Méndez al hombre perfecto, al príncipe azul de sus
sueños, a quien entregarían sus corazones sin
vacilar, porque su encanto viene de adentro, de su
alma y no está reforzado en las superficialidades
exteriores que avala y pregona la actual sociedad.
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