El sexo es y
seguirá siendo un tema tabú de espinosa
envergadura, su abordaje en la llamada
telenovela ha tenido una evolución que va de la
mano con los cambios culturales y generacionales
inherentes a una apertura mental paulatina y de
cierta manera viciada por los códigos de moral
imperantes en un país tercermundista, con fama
de mojigato.
Por algo, la
queja más recurrente en la Defensoría del
televidente de los distintos Canales Colombianos
está relacionada específicamente con el manejo
“amoral” y “mercantilista” que estas televisoras
le dan en sus distintos dramatizados, series y
telenovelas a las llamadas “escenas de cama”,
catalogación hecha por esos mismos impávidos
telespectadores, que concluyen que el Sexo es
usado en la televisión como un poderoso gancho
que incrementa ratings caídos y por ahí derecho
para subrepticiamente explotar ese morbo innato
del ser humano y no como una justificación
propia de una historia cualquiera que refleja
una natural realidad humana que se plasma en
televisión.
Los padres
de hoy en día se escandalizan ante escenas de
sexo, casi explicitas, donde se muestra mucha
piel y algo más, pero que a los ojos de los
entendidos no pasan de ser escenas muy bien
trabajadas, que usualmente deben tener una
censura, dependiendo el horario en el que será
emitida dicha producción.
A través de
los años las “escenas de cama” han ido
evolucionando de los más cándido e inocente, a
lo más erótico, pecando a veces con trabajos que
rayan lo vulgar y lo pornográfico.
La
telenovela de los setenta no pasaba del clásico
beso plagado de romanticismo, generalmente esta
apasionada unión de labios enmarcaba lo más
sublime del amor y formaba parte de ese esperado
final, donde los dos amantes se unían para
siempre en feliz matrimonio. Las primeras
escenas catalogadas como de “alcoba” o de
“cama”, osadas para su época y que recuerdo muy
bien se nos prohibía ver de niños, a la luz de
pleno siglo XXI, no pasan de ser risibles
simulaciones de un acto sexual bajo cerros de
sábanas, donde los dos amantes involucrados no
dejaban ver ni el dedo gordo de sus pies.
Finalizando
los ochenta, la belleza del cuerpo femenino
afloro en la pantalla chica con menos pudor,
dejando un poco menos para la imaginación y
exhibiendo fugazmente parte de la espalda y
hasta algo de los senos, pero por regla, estas
partes intimas debían censurarse con una pequeña
franja, si era emitida en un horario para
adultos o eliminarse de tajo para evitar dolores
de cabeza.
Con el paso
de los años las “escenas de cama” en las
telenovelas o seriados colombianos siguen
sujetas a normas especificas para que
supuestamente no lesionen la susceptibilidad de
los televidentes, pero que de cierta manera se
hacen enfocadas a vender un producto como tal y
a enganchar esa audiencia que critica, pero a la
vez se ve inmersa y seducida en todo lo
relacionado con el sexo, la sensualidad y lo
erótico.
La actriz
Amparo Grisales con su sensualidad fue la
pionera en las “escenas de cama” modernas,
atrevidas y bien trabajadas, con su estilo
rompió los esquemas de mojigatería imperantes,
ganándose el merecido titulo de Diva de los
colombianos.
Recordemos
sus escenas en “La sombra del deseo” junto a
Omar Fierro, o las polémicas que realizó con
Margarita Rosa de Francisco en la serie “Los
pecados de Inés de Hinojosa”. Todo mundo habló,
opinó y condenó, pero jamás han olvidado lo que
allí vieron, por algo será…
En lo que
respecta a la parte masculina, aunque aún no se
muestra un desnudo como tal en una escena de
cama, si se ha explotado subliminalmente la
sensualidad de los actores, caso concreto de la
telenovela “Pasión de gavilanes”, donde el
gancho más certero fue exhibir a sus
protagonistas con sus torsos semidesnudos o
escenas en la ducha con tomas estratégicas, el
más reciente caso lo protagonizo el actor
Gregorio Pernía en la telenovela-comedia “Las
detectivas y el Víctor”.
La actriz
Andrea López quien actualmente hace de villana
en la telenovela “El fantasma del gran hotel”
deja entrever su faceta más erótica y sensual
como actriz, las escenas de cama que ha hecho en
esta producción alimentan ese morbo innato del
que les hablo, o me negaran que a los caballeros
no nos encanta ver piel, mucha piel y además
cuando el trabajo de dirección y edición esta
calibrado para no rayar en lo porno.
Internacionalmente, la telenovela brasilera nos
lleva años luz en materia del manejo de la
temática sexual, las escenas de sexo o cama y la
explotación subliminal de la sensualidad y el
erotismo, inclusive aquí en Colombia tuvimos
oportunidad de ver dos telenovelas eróticas de
origen carioca, pero fueron vetadas a los pocos
días de emisión, por sus supuestas escenas
“fuertes”, definitivamente impero la mojigatería
de la que también les comente.
En Cuba se
hizo una telenovela llamada “La cara oculta de
la luna” que levanto ampolla y una muy diversa
opinión entre los televidentes al abordar
crudamente el tema del sida y su relación
directa con la sexualidad, el objetivo principal
según su guionista Freddy Domínguez fue hacer un
llamado a la adopción de una conducta sexual
responsable. Recuerdo también que Canal CARACOL
empezó a emitir la telenovela-erótica argentina
“Doble vida” con una temática muy actual y
escenas de sexo muy cuidadas, pero
inexplicablemente y pese a emitirse en el
horario permitido, la sacó del aire dos semanas
después. Y ni que decir con lo acontecido frente
a la telecomedia “Aquí no hay quien viva”, muy
moderna para el gusto de un tercio de
televidentes.
El sexo,
ligado al ser humano, seguirá siendo explotado
en el melodrama y generando controversia por el
manejo “mercantilista” y para algunos “amoral”
que se le prodiga, sin desconocer que es como el
aderezo picante, mojigatería aparte, que nos
aviva esos “bajos instintos” que todos llevamos
muy adentro, para ser más concreto, nos recuerda
que somos seres sexuados por naturaleza Divina.
Jahesa@hotmail.com