|

Debo confesar que entrar a la sala de cine para
mi sigue siendo una experiencia primaria donde
me doy el gusto de dejar al crítico de cine
sabelotodo que habita dentro de mi en la puerta
del teatro esperando a que yo salga con cosas
nuevas y positivas que contar. En algunos casos,
sólo en algunos casos siento que esa platica se
perdió, pero en general mi experiencia en las
salas de cine parte desde ceros como cuando
tenía 8 años; aún me produce nervios la escalera
oscura y las sillas y la gente.
Todavía le pongo cuidado a los comentarios que
hace la gente al salir: “Lástima el malo”,
“Ojalá saquen la dos, porque quedó para una
segunda parte”, “Lastima que lo matan al
final”, o “Lo hubieran debido dejarlo así como
estaba”.
Todas esas opiniones siguen siendo para mi parte
del espectáculo. Pero ésta vez tenía un
componente diferente:
Sin
duda alguna bien RIO es un cliché. El muñequito
que se enamora de la muñequita ayudado por un
bichito tonto y otro chistoso.
Si…
Eso siempre pasa en todas las películas animadas
gringas, pero ésta vez había un componente
diferente, algo novedoso… pero qué era? Me
preguntaba yo.
Había escenarios en 3D, escenas de acción llenas
de gritos de sus protagonistas, un muñequito
chistoso, un bobo que se enamoraba de una chica
linda que lo menosprecia durante toda la
película hasta que le salva la vida. Pero …
¿qué era? No podía identificarlo aún. También
había un niño, nunca faltan los niños en las
películas animadas.
Al
cabo de un rato lo noté. Había favelas, un
cristo de corcovado digital, un carnaval de rio
en 3D, partidos de futbol que distraían a los
villanos y un antagonista muy bien caracterizado
que por momentos recordaban esos culebrones
brasileros de los años ochentas.
Si
así empezaba a encontrarle la gracia a RIO.
Ahora empezaba a ser un cliché contado en otras
latitudes haciéndose interesante para mi. Me
sentía refrescado de tanto muñequito en
escenarios gringos.
Por
primera vez estaba viendo el carnaval de rio
digitalmente, pero también veía el reflejo de la
sociedades latinoamericanas con sus problemas de
pobreza, inseguridad, subdesarrollo, y esa falta
de pertenencia que tenemos por nuestros
preciosos territorios y que para un
estadounidense, un japones o un europeo son
verdaderos paraísos exóticos llenos de frutas
novedosas, especies de animales increíbles que
nosotros preferimos ignorar mientras otros
prefieren feriarlo como baratijas artesanales.
La
reflexión final es la invitación a los que
estamos ante la gran pantalla a tomar un poco de
mas conciencia del hermoso territorio que
ocupamos llamado América Latina. A sentirnos mas
orgullosos por lo que tenemos por nuestras
etnias, culturas y costumbres.
Y a
los que están detrás de las cámaras a dejar de
plasmar los otros chichés latosos inentendibles
y poco atractivos para el espectador. Ver ese
sin número de temas que tenemos ante nuestros
ojos y que preferimos obviar porque no hacen
parte de propuestas intelectuales que hagan una
crítica a la realidad latinoamericana o porque
no lo premiarían en un festival podría ser una
experiencia que valdría la pena explorar.
Escriba un comentario
(Nos interesa mucho sus
opiniones, pero nos reservamos el derecho de
publicar sólo lo que editorialmente consideramos
que sea correcto y no contenga opiniones o
palabras ofensivas de carácter personal)
|