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  Only for international Producers:

It's no big secret that nowadays production companies can film practically anywhere in the world with the same quality that we have become accustomed to with Hollywood. Look into what Colombia has to offer:
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  Realidad y cine colombiano, 1990-2009

Este es un texto con valores informativos, de divulgación y de crítica cinematográfica sobre un período casi inexplorado, por lo cual constituye un punto de referencia importante para otros análisis y estudios. Pero, además, para el público en general amante del cine, representa un entretenido recorrido por películas y directores, y una fuente de precisiones interesantes en materia de apreciación lmica.

 
  Cinembargo Colombia

Este texto ofrece una mirada inédita sobre la producción cinematográfica colombiana. Sin desprenderse de la narrativa fílmica de las obras que analiza, Juana Suárez conduce por entre la densidad cultural de esta producción y su inseparable relación con la historia social y política del país, con un punto de vista siempre esclarecedor..

 
  70 Años de Sueños

70 Años de Sueños es el título del nuevo DVD de 54 minutos de duración, dirigido por Julio Luzardo y producido por el Patrimonio Fílmico Colombiano, sobre los primeros 70 años del cine nacional. Indispensable para cinéfilos, investigadores y amantes del cine colombiano. A la venta en las oficinas del Patrimonio. Informes en el 283-6496 o info@enrodaje.net .

 
  Libro de Armando Plata

Este libro es una crónica autobiográfica escrita por Armando Plata con algunas de sus vivencias en la radio y la televisión colombiana en los años 60, 70 y 80. (Más información)

 
  Manual Para Hacer Cine en Colombia

Indispensable lectura para aquellos que quieren emprender la realización de una película o hacer un proyecto de cine. Datos actualizados al 2008 (Artículo)

 
  Libro sobre Largometrajes Colombianos

Se encuentra disponible para la venta en las oficinas de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano el libro "Largometrajes Colombianos en Cine y Video" (Más Información)

 
Cine, Televisión, Fotografía y Producción en Colombia
 

El cine colombiano se hunde lentamente entre los sueños y la realidad

por Julio Luzardo

"Los sueños, sueños son" decía sabiamente Calderón de la Barca, pero las estadísticas cinematográficas de hace algunos años, nos señalaban que "soñar no cuesta nada" y podiamos vociferar a los cuatro vientos que "lo que no nos cuesta, hagamoslo fiesta!". Sin embargo, como todo pasado fue mejor y nada dura para siempre, el precario estado económico del cine colombiano se acabó de desmoronar en los últimos dos años y ha entrado inexorablemente a la sala de cuidados intensivos, de donde nadie se atreve a adivinar su incierto futuro.

Los hábiles cortinas de humo de las fuentes oficiales pregonan a diestra y siniestra todos los espectaculares premios que está ganando el cine colombiano en festivales de cine alrededor del mundo para crear un ambiente falso de gran prosperidad y a la vez tapar la verdadera y trágica realidad de una industria que no despega, que pierde más de lo que gana y agoniza ante la indiferencia de los burócratas que no ven más allá del último número del boletín de Pantalla Colombia o de Locación Colombia de la Comisión Fílmica Colombiana, donde colocan al país como si fuera el primer destino de la producción cinematográfica mundial.  

Las últimas estadísticas lo dicen todo

El año 2009 fue excepcionalmente bueno para el cine en Colombia... o mejor dicho, para el cine de Hollywood en Colombia, porque para ser sinceros al cine colombiano le fue como los perros en misa. Nos complace mucho saber que varias películas hicieron más de un millón de espectadores en el país y una de ellas logró sobrepasar la cifra mágica de los 2 millones de espectadores, que es una cifra que no se había vuelto a ver desde los años '70 y '80. A su vez, Avatar rompió todos los records que se conocen en el país y le ha generado a sus productores entradas por $13.473.771 dólares en Colombia desde su estreno hasta el 21 de Marzo de 2010.

Las estadísticas del reciente mes de Enero del 2010 demuestran que el público colombiano está visitando las salas de cine como nunca antes en los últimos diez años. Es significativo que en sólo cuatro años se han duplicado las entradas y se espera que las cifras sigan creciendo durante el presente año.

 

 

 

 

 

Como es de esperar, las cifras recaudadas por el FDC, gracias a la Ley de Cine 814, reflejan claramente la línea ascendiente de asistencia a cine del público colombiano en los últimos cuatro años, ya que los valores se rigen por el total de la taquilla, que depende en su mayoría del cine gringo.

 

Desafortunadamente este panorama, esperanzador  en el sentido de las grandes posibilidades de buenas taquillas para el cine en el país, desaparece cuando del cine colombiano se trata. Ante esta realidad inconfundible, nos preguntamos ¿qué está pasando?

Arte vs. comercialismo

En la reciente repartición de los Oscares de Hollywood, vimos la clásica confrontación del gran dilema del cine: ¿arte o taquilla? ¿ser o no ser? ¿Avatar o Zona de Peligro? La Academia tomó su decisión y el público también. En cierta forma, como el excelente ejemplo del agua y el aceite. Por eso Zona de Peligro se llevó todos los Oscares importantes y Avatar, que recibió migajas, se reconfirmó como la película más taquillera de la historia del cine. Los resultados son claros: los premios, a la larga, no le significan nada al público general y hasta pueden ser dañinos para el mercadeo de una producción cinematográfica. Por eso Zona de Peligro ha sido una cinta con muy baja taquilla, seguramente no va a cubrir su costo de producción y ni siquiera los premios de la Academia le sirvieron de mucho.

Sólo se necesita recordar dos casos específicos del cine colombiano para comprobar esta incongruencia: el primer caso es el de Confesión a Laura, que se considera la película más laureada internacionalmente del cine nacional y La Historia del Baúl Rosado, que recibió todos los premios posibles de convocatorias habidas y por haber. Sin embargo, ninguna de las dos películas logró más de 20.000 espectadores en Colombia, que es una cifra francamente mediocre. Más o menos lo mismo le ha pasado a otras películas ganadoras de premios internacionales; tanto que una parece negar la otra. El único caso contrario ha sido el de la nominación de Catalina Sandino para el Oscar de la Academia de Hollywood, que le generó unas muy buenas entradas adicionales a María Llena Eres de Gracias, pero al fin y al cabo esos eran los Oscares y la producción era más norteamericana que colombiana...

El talón de Aquiles del cine colombiano

El gran problema del cine nacional siempre ha sido la falta de rentabilidad, que ha incidido directamente en la falta de continuidad de los que nos hemos dedicado a este oficio. Nuestro pan de cada día es hacer una película cada 10 o 20 años, quebrarnos o quedarle debiendo a medio mundo, no poder vivir dignamente de la profesión, esperar eternamente ese premio que va a ayudarle a despegar con otro proyecto sin muchas esperanzas de financiación y mucho menos de recuperación, etc., etc. No es un futuro muy promisorio para nadie y mucho menos para cimentar las bases de una industria. Esta lección la sabemos de memoria, pero siempre guardamos la ilusión que cada nuevo proyecto puede lograr el "milagrito" y ese fue el espejismo que se creo al iniciar con la nueva Ley de Cine. Sin embargo, la realidad nos quita el vendaje de los ojos y podemos ver que definitivamente "los sueños, sueños son..." Pero hay un punto determinante en todo este drama y es el ser y no ser entre el arte y el comercio. Y hay otro punto aun más importante: reconocer la diferencia entre los dos.

En una significativa entrevista de hace algunos años el historiador de cine colombiano, Hernando Martínez Pardo, resumió que el problema principal de nuestra cinematografía no era necesariamente técnico, artístico o falta de recursos, sino un tremendo distanciamiento entre los realizadores nacionales y su público. Eso ha sido una constante siempre y seguirá siendo el talón de Aquiles de nuestro cine. Y para colmo de males, los únicos que se han atrevido a romper ese esquema mental, Gustavo Nieto Roa y Dago García, son vistos como unos mediocres del medio que no saben hacer sino cine comercial desdeñable. Sin embargo, desconocen que esos dos realizadores han hecho más cine que todas las “vacas sagradas” de nuestra cinematografía juntas y han logrado el milagro de tener continuidad y respaldo del público en un medio que se destaca por su gran falta de constancia y dedicación.

El cine es demasiado costoso para ser un simple “hobby” o el sueño dorado de un recién graduado de alguna escuela de cine, que sólo aspira a ganarse la próxima convocatoria del FDC o de Ibermedia para ver sus aspiraciones coronadas. En pocas palabras, el cine es una industria y un negocio, así le duela reconocerlo a muchos. Además, es un negocio supremamente riesgoso donde más del 80 al 85% de las pantallas y del público mundial ya le pertenecen de "motus propio" a Hollywood desde hace muchísimos años y cada día es más difícil y competido entrar a ese pequeño nicho del 15 al 20% que dejan de sobrante insignificante los grandes estudios y sus maquinarias multimillonarias.

El desprecio de lo comercial

El distanciamiento del cine colombiano y su público, combinado con el desprecio de todo lo que tenga que ver con la televisión colombiana y sus actores,  se nota en las producciones que están en realización en este momento o listas para exhibir. Sólo basta ver el flamante archivo en Acrobat que adjuntó la Comisión Fílmica al último boletín de Locación Colombia referente a las 21 películas de largo metraje que supuestamente están "en producción" en el momento. Todos estos proyectos le deben su vida a los premios recibidos del FDC en los últimos tres años y a los jurados que los seleccionaron. En general, con unas muy pocas excepciones como las de Edificio Royal y El Páramo que pueden tener algunas posibilidades de taquilla, después de leer las sinopsis  y las opiniones de los directores, se puede ver claramente que casi todas las películas reseñadas tienen muy poco atractivo comercial y desgraciadamente pueden terminar repitiendo las entradas de El Vuelco del Cangrejo y El Amor y Otros Demonios. Lo que más sorprende de esta lista son los presupuestos millonarios que las acompañan, donde casi todas las cifras van por encima de los 2.000 millones de pesos. O los presupuestos están inflados para impresionar a los incautos jurados o los ganadores no se han dado cuenta de la cruda realidad del cine colombiano o creen que con premios de segunda en festivales de tercera van a poder sobrevivir con sus sueños inalcanzables. Algo definitivamente anda mal, huele a rancio y el futuro se ve color de hormiga.

 

 

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